VISAGES


A partir del 4 marzo de 2011
4 únicas funciones
Viernes 21,00
Entrada general $50.- Estudiantes y jubilados $ 40.-
VISAGES

de Hubert Colás
Traducción: Mathieu Orcel
Adaptación: Miguel Israilevich
con
Sol Rodríguez Seoane
Carla Pessolano
Nicolás Deppetre
Ramiro Giménez
Guido Botto Fiora
Diego de Paula
Rodrigo Lico Lorente
Entrenamiento físico: Celia Argüello Rena
Entrenamiento vocal: Nora Pessolano
Diseño de iluminación: Andrea Czarny
Diseño y realización de escenografía: Rodrigo Lico Lorente y Diego de Paula
Diseño y realización de vestuario: Gustavo Alderete y Natalia González
Directora asistente:Mariela Finkelstein
Dirección: Miguel Israilevich

En un barrio de una ciudad francesa, siete personajes se ven enredados en una trama conducida por la banalidad y la tragedia. Se esfuerzan por apropiarse de comportamientos que los diferencien o los igualen entre sí. Actúan con el impulso y la impunidad de los que ignoran las consecuencias de sus propios actos. VISAGES muestra muestra la adolescencia como un estado de crisis que se reitera perdiódicamente a lo largo de la vida. Nos hace reflexionar sobre las decisiones que destruyen nuestra ingenuidad y nos deshumanizan en el intento de construirnos como personas.

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Crítica por Silvia Urite

Visages- de Hubert Colás- Dir: Miguel Israilevich

Al buscar la traducción de la palabra “visages” surgen: “caras, rostros”. Hubert Colás es un director francés que ha realizado puestas de Sarah Kane, Gombrowicz, en su teatro de Marsella.
Aquí llega la versión de Miguel Israilevich (dirigió en 2008 Body Art, de Sol Rodríguez Seoane). ¿Quiénes son esos rostros?
Un delincuente juvenil de origen árabe, una adolescente ingenua, una prostituta, un chico con anteojos, un dealer, su aprendiz y un misterioso Ángel.
Al principio, como en toda gran ciudad, rige el desorden, el caos, y la segmentación. Cada uno en su cuadradito del espacio, separados. Pero la historia (con minúscula, casi tan importante como la Historia) los va a unir, a mezclar, a pegotear, y a despegar.
Del desapego habla justamente la pieza, de la soledad en las calles de una gran ciudad, que podría ser París, pero también quizá Buenos Aires. Aquí los rostros serían otros, más latinoamericanos, menos musulmanes, menos franceses.
La chica prostituta “adopta” a la niña adolescente, le va a “enseñar” qué quieren los hombres. Se pasea como una muñeca, con su top de látex y su pollerita roja. Y unos grandes zapatones, que casi la convierten en un clown, pero no, esto es serio. El dealer, su objeto de deseo duerme y “entrena” a un futuro ladronzuelo, que lo admira.
El joven musulmán va a tener encontronazos con la adolescente y con un joven estudioso, pero ¿cuál va a ser su respuesta? El rechazo, como en toda gran urbe reina la anomia, la falta de reglas que socialicen a los individuos. Y en medio de ello, un Ángel caído, que sólo busca renovarse y hacer daño, con su estentórea voz.
El texto, por ser europeo, tal vez produzca extrañamiento. Si aquí los actores y directores apuestan al cuerpo, Colás le da preeminencia a la palabra, por lo que algunos parlamentos se hacen largos. Pero hay que tratar de seguir la musicalidad de la palabra.
Las actuaciones son parejas, pero se destacan el delincuente juvenil musulmán (Rodrigo Lico Lorente), el joven estudiante (Guido Botto Fiora) y el Ángel caído (Diego de Paula) hay que destacar la dicción de los intérpretes, a los que se les entiende la letra, algo no muy común en el teatro de Buenos Aires. Las dos chicas están muy bien: Sol Rodríguez Seoane (la muñeca- prostituta) y Carla Pessolano (la adolescente), se complementan en escena. El dealer (Nicolás Deppetre) y su aprendiz tienen menos apariciones en escena.
El vestuario y maquillaje están muy bien estudiados, al igual que la simbólica escenografía.

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